Tuesday, May 4, 2010

Mariel Treinta Años. Iglesia Jesús de Miramar. La Gruta de Lourdes

Iglesia Jesús de Miramar

Durante esos dos años que yo había pasado rezando noche tras noche y pidiéndole al Todopoderoso que hiciera un milagro para que yo puediera salir del país, en una ocasión me tropecé en casa de unos amigos con un libro que se llamaba "Santa Bernardette." Era la historia de la niña Bernardette, a quien se le apareció la Virgen María, en Lourdes, Francia. A pesar de que a mi no me gustaba la literatura religiosa, aquel librito me atrajo y una vez que empecé a leerlo no pude parar. El corazón se me inflamó de fe  con la historia aquella de la aparición de la Inmaculada Concepción en la gruta de Lourdes, y de los milagros que allí se dan y el peregrinaje de la gente para ir a ver aquel lugar. Al final del libro se mencionaba que casi en todas partes del mundo había una réplica de la Gruta de Lourdes, y yo me acordé que  había visto esa gruta en una iglesia que estaba por la Quinta Avenida, y me propuse ir a visitarla para pedirle a la Virgen milagrosa que nos permitiera salir de allí.

Varias veces intenté ir, pero por diferentes razones nunca lo logré. Y el día que nos fuimos para la Embajada del Perú, me di cuenta que la iglesia donde estaba la Gruta de Lourdes era Jesús de Miramar, la cual era el edificio contiguo a la Embajada del Perú.

Les dije a todos, que para entonces con las ganas que teníamos de irnos de allí, éramos los mas fervorosos creyentes, que teníamos que ir a la Gruta de Lourdes antes de meternos en la embajada. Nadie protestó.

Cuando nos íbamos acercando a la embajada pudimos ver el molote de gente que por un costado gritaba "escorias...que se vayan..." y unos cuantos improperios más,y el otro molote de gente que por el otro costado brincaba la cerca para entrar en la embajada a como diera lugar.

Nos despedimos de Paquito y nos bajamos del carro en dirección a la iglesia. Como antes mencioné, era Sábado de Gloria. Los portones de la iglesia estaban cerrados porque la misa estaba andando. Eran como las siete y pico de la noche.

Nosotros abrimos la puerta y un señor nos recibió y nos preguntó qué queríamos. Le dije que necesitabamos pasar al patio, donde estaba la gruta. Nos dejó pasar sin ningun reparo. Atravesamos la iglesia de lado a lado, pasando por entre los no muchos feligreses que oian misa ese día y llegamos hasta la famosa Gruta de Lourdes que yo tantas veces había visto al pasar por la Quinta Avenida y que ahora significaba tanto para mi haber podido llegar hasta ella.

Allí mismo me arrodillé para pedirle que nos acompañara en esta aventura que estábamos emprendiendo, que nos ayudara a completar nuestro sueño y bueno...todo eso que se pide. Los demás también hicieron sus peticiones, pero no por mucho rato porque enseguida salió el mismo señor de antes y nos dijo que teníamos que irnos, que estaban en plena misa. Yo tranquila, ya había hecho lo que quería y casi no podía creer la coincidencia de que la Iglesia estuviera justo al lado de la Embajada.

Volvimos a atravesar la iglesia. La gente nos miraba en silencio preguntándose sabe Dios qué. Pero nosotros felices, ibamos con más impulso a saltar cuanta cerca y otros obstáculos se interpusieran en nuestro camino.

Nos acercamos al molote de la parte derecha, los que estaban brincando, y subiendo por la cabeza de Enrique que nos sirvió de soporte a todos, uno por uno brincamos la cerca aquella. Luego alguien de los de afuera sirvió de soporte para Enrique y así entramos todos.

Continuará...

(Esta historia continúa AQUI)


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