Friday, May 21, 2010

Mariel. Treinta Años. La Embajada. Las Visas


En la Embajada, pasabamos el tiempo conversando con los que teníamos alrededor, imaginándonos en los Estados Unidos, haciendo planes para encontrarnos, especulando sobre lo que nos iba a pasar allí adentro y tratando de sobreponernos al hambre y los temores que cada uno guardaba en su interior. Yo, por mi parte, lloraba todos los días. Lloraba porque sabía que le estaba ocasionando un gran dolor a mi madre y porque estaba enfrentándome a algo totalmente desconocido. Pero a pesar de esos temores y esa tristeza por los que estaba dejando atrás, en ningún momento me arrepentí de haber tomado esa decisión.

De la pared de la casa contra la que estábamos posicionados, hasta nuestros pies, era el espacio justo que teníamos para dormir estirados. A nuestros pies se había formado un trillo por el que la gente pasaba para ir al bañito que quedaba en la esquina de donde estábamos nosotros. Recuerdo que un día estabamos Katia y yo observando a la gente que pasaba por el trillo. Las dos coincidimos en que casi todos los hombre escupian al pasar por ahi. Parece que venian del baño rascándose la garganta o iban para el baño rascándose la garganta. Pero oye, venían los muy graciosos a escupir a los pies de nosotros.

También recuerdo un personaje que andaba sin camisa y con un pantalón recortado. Llevaba en su mano un palo con unas llaves amarradas en la punta e iba por ahi diciendo que tiraba los caracoles. Estoy segura que nos los tiró a nosotros y nos dijo lo que le dio la gana, pero en realidad no me acuerdo si lo hizo.

Al otro lado del trillo había como una parte con suelo de losa. Ahí la gente se había acomodado y había hecho casitas de campaña con sábanas blancas para protegerse del sol. Se podían ver a los niñitos correteando de un lado a otro, niñitos de cuatro y cinco años.

Al tercero y cuarto día mucha gente había entrado a los edificios, las madres con niños de brazos, mujeres embarazadas y los ancianos. También comenzaron a traer las famosas cajitas de comida por la que la gente se peleaba. El grupo nuestro nunca trató de ir buscar cajitas. Lo malo era cuando la gente comenzaba a pasar por delante de nosotros con sus cajas que despedían un delicioso olor a arroz blanco con revoltillo de huevo. El hambre, que después de cierto tiempo se adormece en las entrañas, despertaba en el momento en que pasaba la gente con sus cajitas olorosas y te daba un dolor que no se podía aguantar. Ese era el peor momento del día. El gobierno generosamente entregaba unas, no sé, 1000 ó 2000 cajitas para 10,800 personas.

Por entonces empezó a correr que el auto del Embajador, a quien todos admirábamos mucho por habérsele enfrentado a Castro, había chocado, o se había roto, algo así, y unas personas comenzaron a recolectar dinero entre todos los allí reunidos para arreglar el carro del embajador.
No sé si eso fue verdad o mentira, pero nosotros dimos algo.

A cada rato comenzaba un run run sobre las visas. Van a traer las visas! Hoy vienen las visas! Pero nada parecido a una visa nos era entregado.

Un día, estando todos como siempre, sentados alli, - repartiéndonos quiza el tallo de la mata de frutabomba (papaya) que teníamos cerca y de la que cortábamos un pedacito de tallo todos los días y luego lo tapabamos con una camisa- se apareció alguien diciendo que necesitaban personas, estudiantes preferiblemente para llenar unas planillas. Lita, Katia y yo enseguida nos levantamos y nos ofrecimos. Primero para hacer algo y salir del aburrimiento y segundo porque, como todos los demás, pensábamos que eran las planillas de solicitud de visa. Enrique, Joseph y Richard no hicieron el menor intento de participar en semejante tarea. A ellos les correspondia quedarse cuidando el espacio.

Lita, Katia y yo entramos en el edificio de atrás, donde se iban a reunir los que ibamos a trabajar en eso. Aproveché rapidamente para ir al baño y lavarme la cara, los brazos y hacer pipi. Era un baño, Un Baño!!! Algo muy apreciado en aquellas circunstancias. Vi a mujeres y niños regados por todas partes. Vi tambien que algunos tenían unos yogurts de esos que vienen en bolsitas de nylon. Me dolió el estómago pero me concentré en lo que íbamos a hacer para olvidarlo pronto.

Entramos en una habitación en el segundo piso donde había grupo de gente. Fue la primera vez en mi vida que vi a quien luego se convirtió en un amigo de siempre: Hector Castañer. Nos cayó pesado porque él había tomado el mando de la operación y de la forma en que lo hacía nos recordaba mucho a los dirigentes de la juventud y la FEEM*, la FEU **y todos esas Iniciales. "Trauma comunista" pensé.

En la habitación además de nosotros, Hector y unos cuantos más que no recuerdo ahora, estaba una persona que yo había visto antes. Era un joven actor gay que yo había visto porque era amigo de una amistad nuestra. No recuerdo como se llamaba. Era alto, de pelo oscuro y  piel muy blanca, y tenía una voz engolada como la que usan algunos locutores por acá.

Hector comenzó a decirnos lo que teníamos que hacer. Nos dijo que íbamos a tener que sentarnos por horas al sol a llenarle la planilla a todas las personas que estaban en la embajada. Dijo que iban a colocar unas mesas en el patio y que allí nos sentaríamos y que la gente iría pasando, uno a uno, para dar su información. Que iba a hacer un trabajo duro, bajo el sol, y que si alguien creía que no iba a poder hacerlo que lo dijera ahora.

Hubo un silencio y de pronto se escuchó la voz engolada del joven gay enfáticamente declamando: - Yo Puedo!

En ese momento sonaron unos disparos. Alguien había tratado de entrar a la embajada cuando ya hacía rato que se había cerrado toda oportunidad. Hubo un momento de confusión, todos nos miramos a ver si estábamos en una pieza, si nadie había sido herido y cuando ya todo más o menos se había calmado, "Yo Puedo" salió de abajo de un sofá que yo no sé como, con su tamaño pudo meterse ahí.

Se corrió que los disparon habían herido a una niña y que era alguien en un taxi el que había tratado de colarse. Pero no puedo confirmar esos rumores porque nunca pude comprobarlo.

Continuará


*Federación Estudiantil de la Enseñanza Media

**Federación Estudiantil Universitaria


(Esta historia continúa AQUI)




Mariel. Treinta Años. La Embajada. Las VisasSocialTwist Tell-a-Friend

No comments: