Thursday, May 6, 2010

Mariel Treinta Años, La Embajada. Los Seis.


Esta aventura la protagonizamos seis, junto con los otros 10,794 que lograron entrar a la Embajada del Perú. Estos seis eramos Lita y Joseph, Katia y Richard, Enrique y yo. Lita y Katia Puente son hermanas y son mis amigas de la infancia. Joseph y Richard eran los respectivos esposos de ellas. Joseph era ciudadano americano y Lita y él no iban a tener problemas para irse por esa razón. Katia y Richard también estaban a punto de irse porque habían sido reclamados por los padres de Richard que estaban en México. Ellos entraron en la embajada solamente para adelantar su salida.

Enrique era el novio mio. Llevábamos dos años y medio de relaciones. A él le debo el haber comprendido que la revolución aquella era la gran estafa. Hasta que lo conocí a él yo era la nieta de Lenin (así me llamaban en mi casa mofándose de mi patriotismo y espíritu de sacrificio). Mi hermana para molestarme había colgado un cuadro de Lenin en la cabecera de mi cama y yo lo dejé ahí hasta que conocí a Enrique y me abrió los ojos. Ahi fue donde el cuadro de Lenin fue a parar a Cayo Cruz,* junto con todos mis sentimientos revolucionarios y mi espíritu internacionalista.

Enrique y yo sí no teniamos manera de irnos. Para nosotros la Embajada del Perú era la oportunidad que estábamos esperando, por eso no vacilamos ni un instante. Sabíamos de todas las hazañas de otros cubanos en otras embajadas. Los que se metieron en la Embajada de Venezuela, tras de lo cual tuvieron que poner un rail de trenes a la entrada para que nadie más intentara hacerlo. Aquél otro que se metió en la embajada de Brasil saltando con una jabalina y otro poco de anécdotas que ahora no recuerdo.

Nosotros, en las reuniones de la CPU (Conspiración de la Peste el Ultimo)  no hacíamos más que echar pestes del gobierno y rompernos la cabeza tratando de idear un escape. Pero...no se nos ocurría nada. Todo lo que hacíamos era asustar a mi mamá que siempre estaba preocupada de que alguien nos fuera a escuchar echando pestes.

Además de Enrique, algo más que contribuyó al resquebrajamiento total de mi moral revolucionaria fue la farsa tan descarada y abominable que montaron en la Universidad de La Habana a finales del año 79. Yo estaba estudiano Filosofía Marxista, (porque no había de otra) para lo cual había que ser Joven Comunista (pérate que me vomito). Yo lo era y aunque ya para entonces el cuadro de Lenin estaba en Cayo Cruz, yo tenía que seguir "filmando", que en el argot de la época quería decir aparentar ser lo que no eras o vivir con la careta puesta.

La purga de la Universidad se llevó a cabo porque había ciertos elementos contrarrevolucionarios que estaban escribiendo cosas por todas partes y la dirigencia creyó que iba a dar un escarmiento botando de la universidad a unos cuantos.

Hicieron unas reuniones ridículas en las que le sacaban a uno un montón de boberias como:
  • Tal día llegaste tarde.
  • Tal día no fuiste a la reunión de la juventud.
  • Demuestras apatía ante las reuniones y los eventos de participación masiva..

Nada que ver con el rendimiento académico. Lo peor era que se levantaban una pila de gente que uno creía que eran amigos de uno y resulta que de pronto se convertian en chivatos acusadores. Y de lo que te acusaban era o mentira, o algo sin ninguna importancia.

En la purga famosa me quitaron el carnet de la Juventud, el cual que causó mucha más satisfacción entregar que recibir, pero con él se iba también la posibilidad de seguir estudiando mi carrera. Eso fue en enero de 1980. Me ofrecían la posibilidad de integrarme a otra carrera, como Historia del Arte, pero yo, a esas alturas, ya no quería volver a la universidad. Lo que quería era enfocarme en largarme de allí lo más pronto posible.

Mi amiga Fátima, que estudiaba Filosofia conmigo, corrió la misma suerte. Pero ella, a pesar que pertenecia clandestinamente a la C P U, se matriculó en Historia del Arte y siguió allí en espera del milagro que todos pedíamos. Lamentablemente cuando se dio el milagro, Faty estaba en la playa. Nosotros la llamamos para darle el pitazo...y ella como el cuento de Alvarez Guedes, aqu♪l del tipo que llega a su casa y le dice a la mujer:
-Mi amor, hoy nací, imaginate que estabamos pintando un edificio de 20 pisos y se rompió la cuerda del andamio y el pobre Roberto se cayó y se mató. Por suerte yo había ido al baño en ese momento.
Y la mujer le dice: Ay mi amor, que horrible, pobre Teresa, cómo debe estar...
-Bueno, a ella se van a pagar una compensacion de 200,000 dólares, porque el marido murió en accidente de trabajo...

-Ah si? Roberto se cayó, se despetroncó, a la mujer le van a pagar 200,000 dólares y tú haciendo caca!

Y algo parecido le pasó a Faty. El milagro se dio y ella...en la playa. Le costó 16 años más de tortura física y mental, hasta que por fin puso pies en polvorosa.

Continuará...

(Esta historia continúa AQUI)




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3 comments:

Alfredo Pong said...

Ño, Patri no me dejes como en los episodios de Lost, no te demores en la continuación...
Besos
Pong

Anonymous said...

Patri, es increible las cosas del destino. Al igual que tu amiga Faty (que luego en la Yuma nos hicimos grandes amigos)yo estaba en tremendo fiestón, en una casa en la playa en Guanabo cuando el peruanazo. Pasé tres dias de viaje etílico. Dsde el Viernes (por la mañana cuando se metió la guagua) hasta el Domingo en la noche. Fue cómico, porque yo no dejé pista a mi familia de donde estaba (no habia celular, ni internet, ni un pepino), y ellos asumieron -sin la menor duda- que yo estaba dentro de la embajada !Y yo que pensé que era para ellos un ejemplo de joven revolucionario!!! (hay cosas que no se pueden fingir)... Bueno, te puedes imaginar que yo me desayuné de todo a mi regreso. Y hubo amigos que me llamaron pa' ir a esa fiesta de fuga. A mi me costó sólo 10 años pa' escapar!... En fin, me encanta tu escrito. Sigue pa' alante. Estoy que me muero por saber cómo hicieron pa' ir al baño, comer, etc. Un besote. Rg

Patricia said...

Pong Y Anomino Rg, hoy no puedo continuar porque estoy muerta de cansancio. Pero manana sigo sin falta. Gracias por pasar por aqui. Un beso.