Tuesday, May 25, 2010

Mariel. Treinta Años. La Embajada.Las Joyas y otras anécdotas.



La repartición de sacos de papa debe haber sido ya cerca de los últimos días que yo estuve allí, que fueron 10. Recuerdo que para entonces ya se nos estaban acabando los cigarros. Allí, todos fumábamos y todos habíamos llevado cigarros. Por supuesto, aprendimos rápido a estirarlos, porque no sabíamos cuánto tiempo íbamos a permanecer allí,

En aquellos días de ocio, en los que no se podía hacer otra cosa que hablar y soñar, recuerdo  un día que estábamos todo aquel grupo conversando y haciendo planes, cuando a la mamá del niño de quince años se le ocurrió de pronto repartir, entre todos nosotros, las joyas que tenía guardadas en su maletón de madera. Esto era con la esperanza de que cuando nos reuniéramos en "la yunai" se las devolviéramos. Ella pensaba que si llevaba unas cuantas joyas encima, al momento en que la procesaran se las iban a quitar. Si cada uno de nosotros llevaba digamos un anillo, un par de aretes, una manilla o algo así, quiza fuera posible salvarlas y luego devolvérselas a ella.

Comenzó el proceso de repartición. Creo que lo hicimos haciendo un juego de adivinar. No tengo muy claro como fue que la señora repartió las joyas, pero recuerdo que a mí me tocó un anillo.
Después que todo se repartió y acordamos una vez más reunirnos todos en Miami, la señora lo pensó dos veces y recogió todas sus joyas de nuevo. Espero que haya podido salvar algunas.

Otro día, antes de la repartición de los sacos de papa, Lita, Katia y yo nos aventuramos al frente de la Embajada, cuando llegaron las cajitas, para ver cómo era eso y de paso si alguna cajita volaba hacia nosotros. Caminamos por el pasillito del costado que conducía al frente del edificio, por el mismo por el que habia corrido el orine desde el cuartico ulitizado como baño. A esa hora de la tarde el barro estaba seco por el sol, pero el olor se sentía fuertemente.
.
En el frente había muchos hombres conglomerados, empujándose unos a otros, elevando sus brazos por encima de la cabeza de los demás para tomar una cajita de las que los soldados repartían desde un camión.

Fotógrafos y perdiodistas y algún que otro dirigente de la revolución presenciaban el espectáculo. Luego comentaban en el periódico Gramma que los de la Embajada se atropellaban unos a otros y se fajaban como animales por las cajitas. Si hubiera una cajita para cada uno no tendrían que fajarse. El hambre es mala consejera. (Curioso que el hambre no sea mal consejero sino consejera o si? O no". (I don't know).

Ese día parece que estaba por allí un oficial del gobierno llamado Pepín Naranjo. No sé cómo los pintorescos personajes que abundaban allí lo reconocieron, pero Lita, Katia y yo presenciamos, y espero que ellas lo recuerden también, como uno de ellos se acercó a la cerca para dirigirse en su mejor castellano guapetoso a Pepín Naranjo, gestionando con la mano al estilo de los reguetoneros modernos y espetándole con toda familiaridad, "Vaya Pepín! Tremenda peste a meao que hay aquí."

No sé si Pepin se dio por aludido, pero eso a mí nunca se me ha olvidado.

A Pepin Naranjo lo conocí cuando era niña. El era amigo de mi padre y a pesar de que fue un estrecho colaborador de Castro, el recuedo de mi infancia que tengo de él, es bueno.

Más sobre las papas y los cigarros en el próximo episodio.


Esta historia continúa AQUI







Mariel. Treinta Años. La Embajada.Las Joyas y otras anécdotas.SocialTwist Tell-a-Friend

No comments: