Monday, May 10, 2010

Mariel Treinta Años. Los días de la Embajada.


El domingo 6 de mayo fue el tercer día de la embajada. Para entonces había entrado tanta gente que tuvieron que volver a poner guardias alrededor de todo el edificio, por delante y por los costados, para que no se metiera nadie más. Recuerdo que tuve una terrible impresión cuando de pronto me desperté - creo que era la madrugada del lunes 7 mayo - y vi unos guardias vestidos de negro y armados hasta los dientes rodeando toda la embajada.

Nosotros estábamos bastante próximos a la cerca del costado, la misma por donde habíamos entrado. También en esa cerca estaba la pilita de agua que usábamos para beber y para lavarnos un poco la cara y los brazos.

Los guardias estaban colocados unos muy cerca de nosotros y la verdad es que metían miedo, sobre todo entre las sombras de la noche. Luego cuando amaneció recuerdo que uno de los pintorescos personajes que estaban allí se acercó a la cerca, miró de frente a uno de los guardias, uno medio achinado y le dijo con un tono de guapería despectiva: "Narra!"

Narra, es una manera despectiva o no, a veces cariñosa, que tenemos los cubanos de llamar a las personas de ascendencia asiática.

El guadia miró al individuo con ojos fulminantes, pero no podía hacer nada. El individuo, al ver que el guardia no reaccionaba volvió a carga; Narra! El guardia siguió callado y el individuo antes de dar la vuelta e irse le volvió a decir: "Narra y bien" y se fue, medio decepcionado porque él parece que lo que quería era sonsacar al Narra.

Anécdota aparte, cuando yo vi los guardia esos, el corazón me saltó en pecho. Me imaginé que estaban allí para ametrallarnos a todos. Cualquier cosa podía pasar. Todavía seguían las hordas de chivatos combatientes gritando improperios desde afuera y tirando piedras y botellas para dentro de la embajada. En más de una ocasión esos proyectiles hirieron a alguien.

Durante el día nos fuimos tranquilizando porque se fue corriendo por todas partes que los guardias estaban ahí para impedir que siguiera entrando gente. Nosotros no nos movíamos de donde estábamos porque nuestra posición era privilegiada y no podíamos correr el riesgo de perderla. Además, como no teníamos alimento, Enrique decía que no podíamos estar gastando energía caminando por todo aquello. Lita, Katia y yo queriamos investigar y también ver si nos encontrábamos a alguien conocido, pero hasta el cuarto o quinto día no nos aventuramos a salir de nuestro espacio.

No sé si fue el segundo o tercer día, pero recuerdo que Joseph, el americano del grupo, pudo salir de la embajada e ir a la casa porque si no lo dejaban entrar de nuevo él no perdía nada. Y se corriá en esas primeras horas, que algunas gentes habían podido salir y volver a entrar. Joseph lo intentó y consiguió ir a la casa de Lita y a la mía y tranquilizar un poco a nuestras familias. También nos mandaron comida porque Joseph les dijo como era la cosa allí. Me acuerdo que regresó con una pizza, huevos duros, caramelos y un pomo de azúcar y otro de chocolate en polvo. Todo aquello era sumamente valioso para nosotros porque no teníamos acceso a ningún alimento allá adentro. Joseph también me trajo un par de mocacines que le pedí que me trajera, porque las sandalitas con las que yo había entrado las había tenido que botar el primer dia que intente ir al baño dentro de la embajada.

Las famosas sandalitas eran unas sandalias hechas a mano por el mismo Enrique, que era muy buen artesano y desde hacía un tiempo vivíamos de hacer zapatos y venderlos. Esas sandalias tenían un tacón de cuñita, eran de cuero entrelazado y estaban de lo más monas. Pero al segundo día de estar allí  ya yo no podia aguantar más los deseos de hacer pipi, y me aventuré al baño que habían improvisado en una de las habitaciones del segundo edificio. Esa habitación era un cuarto que tenia un bañito. El bañito lo habían dejado para los hombres, y la habitación entera para las mujeres. Entrabas a la habitación, con alguien para que cuidara la puerta y te agachabas en el piso y dale...ese era el baño. Por supuesto, el piso estaba ya inundado de orine. Así que yo salí de ahi y solté las sandalitas que estaban emchumbadas en orine, me lavé los pies en la pilita y me fui descalza para mi posición debajo de la areca. Creo que ese fue el dia que Joseph salió y al regreso me trajo los zapatos que le pedí. Eran unos mocacines fuertes, que podian resistir mejor en caso de tener que regresar al baño ese.

No pasó mucho tiempo antes que viera a alguien pasar por delante de mi calzando mis sandalitas "premiadas".

Continuará....

(Esta historia continúa AQUI)


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3 comments:

Unknown said...
This comment has been removed by the author.
Unknown said...

"Las Sandalitas Pringosas"
(Versión "corregida")

Hay sol bueno y mar de espuma,
y arena fina... y Patricia
quiere salir (a mear)
con sandalitas de plumas...

¡Vaya la niña divina!
dice Enrique y le da un beso
"vaya mi pájaro preso
a rellenar la letrina...

Yo voy con mi amiga hermosa,
le dijo Lita, la buena...
no te manches, que das pena,
las sandalitas preciosas...

Fueron las dos al "cuartín"
donde meaba la gente,
la Lita gritó ¡detente!
pero Patricia no entiende...

Ella va de todo juego,
con meadas y caguetas,
y pringó las "sandaletas"
completetas, completetas...

.............

Y dice una mariposa...
que vió, muy bien avesada
calzadas en otros pies...
¡las sandalitas pringadas!!!


Nota:
Pringar .- Verbo en "Llingua de Asturies" que indica la acción y efecto de ensuciar, embarrar, cagar...

Un besote.

Patricia said...

Migué me encantó tu parodia. Aquellas sandalitas se merecian un homenaje la verdad. Estaban de lo mas chulas pero despues de la visita al baño improvisado aqueeeel...a otra le vinieron bien.