Friday, August 20, 2010

Mariel Treinta Años. El Adiós.


Mi hermana fue a buscarme a casa de Enrique con un oficial del ministerio de interior. El oficial estaba encargado de recogerme a mi y a otra jovencita que vivía en mi mismo vecindario. Al llegar a mi casa, mi hermana y mi mamá le dijeron que yo estaba en casa de mi novio y mi hermana le dijo que ella iba a con él a buscarme.

Mi hermana, que es muy social, conversó con el oficial durante el camino sobre las cosas de los jóvenes y que si el novio mío habia sido el de la idea, y que cuando los jóvenes se empeñan en una cosa...que ni mi mamá había podido evitarlo...y en fin, el hombre se portó amablemente con ella y hasta conmigo, dejándome en mi casa un rato para que me despidiera de mi mamá mientras él iba a buscar a la otra muchacha.

Esos minutos que estuve en casa, los últimos, porque jamás regresé a ese apartamento, estuvimos las tres junticas, mamá dándome pañuelitos, medicinas, dinerito, todo lo que ella creía que me podia servir para aquel viaje extraño que iba a hacer yo. Ahora que soy madre, me doy cuenta de lo terrible que habrá sido para ella desprenderse de mi en aquellas circunstancias. Creo que ella fue muy valiente, muy madre. Se mostró fuerte, para darme fuerzas a mi, aunque estaba desecha. Mi hermana hizo otro tanto. Las Camejas (así nos llamamos entre nosotras las descendientes del viejo Camejo) que son tan lloronas y aspavientosas, en ese momento tan importante mostraron gran aplomo. Quedamos en que trataría de comunicarme lo mas pronto posible, que me iba a cuidar mucho y que pronto nos reuniríamos .

Eran como las cuatro de la mañana cuando el hombre subió a buscarme. Nos abrazamos una vez más las tres y partí

En el auto esperaba la otra muchacha. Era una niña de apenas quince años. Había estado en la embajada con toda su familia, pero al igual que a mi me separaron de Enrique, a ellos también los separaron. Ese día habían mandando a buscar a la muchacha ésta sola. Ella estaba muy nerviosa y asustada, pero al verme a mi se tranquilizó un poco.

De ahí el oficial nos llevó al Abreu Fontán. Allí estaban procesando a todos los que se iban por el Mariel. Una nueva pesadilla nos esperaba.
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1 comment:

Unknown said...

Ole con la Matilde, madraza y amiga, otra cosa no se podía esperar. Estóica hasta el fondo pero sin perder los papeles, como de costumbre. Por eso, y por más, la quiero y no la olvido.