
Este poema de Juan Herbello ha recorrido el mundo en boca de niños traviesos que se lo aprendian de memoria y luego los botaban de sus escuelas por estarlo repitiendo. Lo escribió mi padre hace muchos años y hoy debuta en mi blog gracias a la colaboración de tres de esos niños que ya hoy no lo son tanto: Ofelia Rodriguez, Luis Fernandez y Ciro Espinosa.
Junto a la genial ilustración de Garrincha, tápense los ojos aquellos a los que ofenden las malas palabras blancas y los demás disfruten
El placer de cagar
y perdóneme, lector benevolente,
la gran satisfacción que el hombre siente
cuando le rinde culto al inodoro.
Ese placer que nadie ha revelado
y que hacemos leyendo y a escondidas,
es el goce más sano que la vida
entre tantas chivetas no ha dado.
Ya es hora de arrancar falsos tapujos
ignorando prejuicios y recatos
y aunque hiera a su sensible olfato
haré la apología de los pujos.
Es
se afirma en sus recodos superiores
y entre breves espasmos y sudores
acumula las fuerzas en el ano.
Todo el sistema muscular se acopla
en voluptuoso y rítmico ajetreo,
se congestiona el rostro...suena un peo,
y se puja otra vez...y se resopla.
Pero ese esfuerzo no resulta nulo
y al fin se cumple el natural mandato
cuando, gracias a tanto pugilato,
un robusto mojón sale del culo.
Entonces, qué emoción y qué descanso!
íQué amable atisbo de aventura plena!
íQué deliciosa laxitud nos llena!
íQué paz tan inefable la que alcanzo!
Mas queda otra emoción y es cuando entregues
las posaderas al bidet cercano,
para que el agua, refrescando el ano,
calme el ardor de los dolidos pliegues.
Ese mojón parido con denuedo,
al nadar orgulloso en la poceta,
mantiene la esbeltez de una croqueta
y el exacto diseño de un torpedo.
Ese mojón expulsado con acierto
por un culo sensible y vengativo,
al mirarlo parece que está vivo
al olerlo...sabemos que está muerto.
Sólo quiero agregar como al descuido,
aunque esta confesión hiera mi orgullo,
que yo no participo de este embullo
porque en vez de cagón... soy estreñido.