Thursday, May 22, 2008

Crónica del Viaje a Labana. Parte V


Edifio de enfrente de casa


Vista del balcón de casa

Al llegar a casa, después de la impresión de la vista del balcón y tirar unas cuantas fotos, mi hermana y yo nos pusimos a conversar y a despalillar el gusano.

Lo más importante eran las arepas. Si, les lleve arepas, porque cuando mi hermana y yo nacimos, nuestros padres vivían en Venezuela y se llevaron para Cuba la costumbre de comer arepas. (Mi hermana y yo nacimos en Cuba porque mi madre fue en las dos ocasiones a dar luz allá).
Pero en Cuba las arepas sólo aparecieron en los años 70 y eran otra cosa…lo que nosotros llamamos pancakes, a eso le llamaron arepas en Cuba. Con arepas venezolanas sólo nos empatábamos cuando algún venezolano amigo de la vieja guardia (de cuando vivíamos alla) se aparecía en Cuba. En esas ocasiones nos reuníamos los de la familia que alcanzaron a visitar a mis padres en Venezuela para recordar aquellos tiempos y saborear las deliciosas arepitas.
En una de esas muy raras ocasiones, alguien nos había traido arepas y nos habíamos reunido en casa La Tía Bertona, mi prima Tere y su pequeño hijo Chicho, mamá, tata y yo.

Para la primera ronda de arepas, el pequeño Chicho estaba despierto y aunque nunca las había probado (tenía como 3 años) les dio en la misma costura. Pero en lo que se hacía la segunda y última ronda, el niño se durmió, y cuando mamá sirvió las arepas calienticas todo el mundo metió la mano y agarró la suya, especialmente Tía Berta, quien exclamó la frase que habría de quedar para siempre acuñada en la memoria familiar "Metan mano niñas, antes que se despierte Chicho."


Adorable Chicho ahora con su adorable hijita Mia

Después de sacar las arepas y repartir las cositas que les traje, que es siempre una experiencia agradable, seguimos conversando de esto y de lo otro hasta que alguien dijo "hay hambre…vamos a comer."
Salimos todos calle O arriba…hacia el malecón, con la idea de ir a comer a un paladar que yo recordaba del viaje anterior que se come muy rico. Pero teníamos que cambiar dinero porque los dólares hay que cambiarlos por esa monedita inventada que hay en Cuba ahora que vale mucho mas que el dólar. El banco para cambiar estaba en el Foxa, (o Focsa,?) el famoso edificio situado en la manzana que comprende las calle M y N horizontalmente y 17 a 19 verticalmente. En ese mismo edificio, en los bajos, se encuentra el Restaurant al que mi hermana y yo solíamos ir frecuentemente cuando éramos pepillas ,"El Emperador".

-Vamos Al Emperador! –dije
-Vamos! – dijeron al unísono los demas.
Y para alla fuimos.
Eran alrededor de la 4 de la tarde. No había nadie en El Emperador.


En la época de nuestra juventud siempre estaba lleno por la noche, pero nosotros íbamos tanto que ya conocíamos al portero. Todo el mundo sabe como funcionan las cosas en Cuba…el que tiene un amigo tiene un central. Después que nuestro grupo se hizo amigo del portero y todos los bartenders, nunca más tuvimos problemas para entrar y hacer lo que nos diera la gana.

Ni el portero ni ningún camarero ni bartender conocido quedaba por ahi. Y si quedaba no era la hora porque a las cuatro de la tarde no hay nadie en el bar. En realidad había dos mesas con clientes, incluyendo la nuestra, pero yo cerré los ojos por un momento y reviví un montón de experiencias.


La tata y yo, ya no tan pepillas
pero igual de comelonas

Comimos bien. Un cóctel de camarones que me pareció un poco esmirriado..pero bueno. Unas brochetas que estaban muy cocinadas, pero tenían buen sabor y no había el postre que queríamos que era el Bake Alaska. Lo hacían muy rico antes, pero ahora no había no se qué. No quisimos otro postre. Ellas tomaron café (yo no, creo) y nos fuimos.
Regresamos paseando por las calles, y recordando. Agarramos la calle O y al llegar al Hotel Nacional.

El Hotel Nacional

Entramos para ver un poco y también le tomamos fotos al edificio Altamira, que queda en frente y es donde vivían mis amigas Lita y Katia.
El edificio de ellas milagrosamente se conserva muy bien entre otros dos que están destruídos.

Edificio Altamira

Ya para entonces yo estaba un poco cansada . Al regreso me acosté un rato, porque estaba de pie desde las cinco de la mañana y todo el entusiasmo, el nerviosismo,el encuentro y el paseo y hasta la comida y los recuerdos me habían dejado exhausta.

Esquina de O y 21


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3 comments:

Unknown said...

¡Qué paseo por el Vedado!... y la visita al Emperador... me recuerda haber ido alguna que otra vez... Me dijeron que todavía siguen Luisito y Fernando en la barra.
Imperdonable: Te olvidaste de los "croqué monsieur" tan buenos que ponían.
Miki.
P.D.- Si no fuera por la dieta te pedía las recetas de las arepas...

Patricia said...

Perdoname que te corrija Miguelito, pero no fuiste una que otra vez al Emperador, ibamos con mucha frecuencia, la dieta esa te esta poniendo olvidadizo...en cuanto al croque monsieur, yep...lo buscamos en el menu pero los nuevos camareros y cocinero jamas habian oido hablar de eso...yo creo que ese plato delicioso que nunca mas vamos a volver a degustar desaparecio de alli mucho antes del periodo especial.
Me alegro que hayas difrutado el paseo por el Vedado pero hiciste mal en mencionarme las arepas...
y yo que iba a empezar la dieta hoy!

Anonymous said...

ESO DE QUE ALGUNA VEZ, LAS DOS FUERAN PEPILLAS?????? AUN RECUERDO CLARITO LA IMAGEN DE UNA PEPILLA CON FIGURA CUQUITA. ES VERDAD QUE CON EL TIEMPO TODO SE VA TRANSFOMANDO. USTEDES SE HAN REINVENTADO Y QUE VIVA LA BERRAQUERA...QUE AQUI ESTAN LAS PEPILLAS DE AQUELLOS CUERPOS BOTELLAS CONVERTIDAS EN BOTERAS.